viernes, 24 de septiembre de 2010

Te queda la maceta

Caminó hasta la esquina, entró al local, buscó la planta que había visto en la vidriera dos días atrás. Se la envolvieron, la llevó a su casa, la regó y la puso encima de la mesa. Se imaginó una planta enorme, fortalecida, llena de brotes y feliz de estar dentro de su casa, con ella.
Pero la planta se empezó a marchitar. Agua, luz, sombra, charlas, y nada. La planta había sido una desagradecida. Y ella se guardó la maceta, la pintó de colores fuertes y la puso sobre la heladera. El fucsia la puso de buen humor.

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