
Uno de mis primeros cuentos. Una mujer, un arma, su pelo suelto y un hotel.
Y la voz del monstruo, bien adentro, aullándole puta puta puta.
Sangre en las paredes.
Sangre en sus ojos.
Sangre en su sexo.
Pasaron años.
Y acá estoy, pintándome las uñas de rojo en el día del padre.
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